COMENTARIOS, MAESTROS ETNOEDUCACIÓN Y DESARROLLO COMUNITARIO
Teniendo en cuenta lo que un educador aporta a cada estudiante, en este blog nos damos a la tarea de indagar más allá de lo que comúnmente escuchamos sobre nuestra carrera y profesión, y así repensarnos lo que somos como etnoeducadores y como sociedad dinámica y cambiante que nos acopla a todos como seres humanos la cual debemos de respetar y asumirnos como tales sin exclusión alguna.
Una de las preguntas por las que partimos a hacer a cada maestro fueron tan simples pero a la vez tan contundentes para definir de una u otra manera el concepto que nos vamos creando día a día sobre nuestra licenciatura, las cuales relacionamos a continuación:
¿Cuál es su opinión acerca de la licenciatura en Etnoeducación y Desarrollo Comunitario?
¿Cómo proyecta a futuro un egresado de la referida carrera, cursada en la Universidad Tecnológica de Pereira?
En este blog se le dio a cada profesor el espacio para dar un comentario adicional si estos lo consideraban respecto La carrera o alguna crítica en torno al manejo que le ha dado a la misma la Universidad en los últimos anos o en la actualidad.
(Alex Antonio Vanderbilt Martinez, Profesor catedrático)
En primer lugar, la licenciatura en Etnoeducación y Desarrollo Comunitario más que un programa de pregrado en la Universidad Tecnológica de Pereira, es un espacio social donde se dan cita estudiantes, docentes y expresiones desde la sociedad civil para repensar otra sociedad regional y otro país posible. El punto de partida es la identificación de las negaciones, exclusiones que históricamente han tejido los poderes hegemónicos Occidentales, élites económicas, políticas y culturales sobre los saberes, las costumbres, los territorios y los imaginarios de grupos, sectores y capas sociales dominadas y sometidas.
En segundo lugar es una plataforma de pensamiento crítico sobre la realidad contemporánea del proceso de agravamiento o reconstrucción de ese país diferente: Incluyente, tolerante, con justicia social y reconocimiento de las diferentes identidades culturales en la territorialidad denominada Colombia.
El Licenciado en Etnoeducación y desarrollo comunitario, lo concibo como un sujeto facilitador de tales procesos, impugnando las instituciones sociales que se han hecho proclives al orden social impuesto y recreado por Occidente de manera concreta en La familia, la escuela, el Estado y sus agencias; el mercado y las relaciones sociales de exclusión.
Este licenciado es un dinamizador mediante la formulación, diseño e implementación de opciones de intervención que recompongan los discursos, los símbolos y los dispositivos de exclusión y negación social legitimados por regímenes, élites o grupos en el poder. La labor del Licenciado(a) en Etnoeducación y desarrollo comunitario por consiguiente no se circunscribe solo al ámbito de lo escolar, también está llamado a fecundar lugares y espacios comunitarios, como el barrio, la vereda; así mismo su labor debe permear expresiones organizativas de la sociedad civil como asociaciones, colectivos de pensamiento y trabajo solidario, grupos de mujeres, jóvenes, tercera edad, etc.
En su faceta como educador, su acción debe ser contrahegemónica en espacios escolares y no escolarizados, pero siempre promoviendo la deconstrucción de los referentes y "verdades" irrefutables que la tradición aristotélica, positivista y racional han tejido alrededor de nociones como: lo objetivo, la razón, lo moderno, el desarrollo, el bienestar, la democracia, la ciencia, la moral, el prestigio; la eficiencia, la productividad, la inteligencia entre otras.
Tocando el plano de lo metodológico, el LEtDC es un innovador de rutas de acción cultural y educativa que inventa, valida y pone al servicio de animadores populares, organizaciones no gubernamentales, escuelas, colegios, grupos, activistas y movimientos sociales; una variada gama de técnicas y herramientas pedagógicas.
En su accionar contribuye a la recuperación de saberes ancestrales, costumbres y legados que de una u otra manera han sido abandonados o eclipsados por las lógicas que impone el capital, la cultura Judeo-cristiana, o la ortodoxia racionalista.
Facilita la revaloración de la historia local y el aporte social y cultural que hacen sujetos anónimos jamás nombrados en la "historia oficial" como los vendedores ambulantes, los pobladores periurbanos, campesinos, amas de casa, trabajadores asalariados, habitantes de calle, prostitutas; artesanos, entre otros.
Frente a la actual situación que vive el programa, considero que se presenta una oportunidad de hacerlo más visible y reconocer su importancia en el contexto regional y nacional. El programa no debe morir, ni ser cerrado dado que aún tiene mucho que dar a la sociedad colombiana. Reconociendo que en efecto existen debilidades e imperfecciones en su seno epistemológico, curricular y alrededor de su especificidad disciplinar es un espacio vital para centenares de estudiantes que vienen de regiones vecinas a la espera de cualificar su mirada y retornar a sus lugares de origen a poner en marcha algunas herramientas y enunciados para la transformación social.
En Colombia la apertura de programas de educación superior relativos a las ciencias sociales y humanas es 7 veces menor que las iniciativas de apertura d programas ingenieriles, tecnologías y de ciencias biomédicas.
La tendencia que se observa desde los años 80´s es el creciente cierre de programas que desde el ámbito de las ciencias sociales y humanas ofrecen la perspectiva de otredad, de altermundo, de relaciones sociales más plenas.
Hay un grueso número de organizaciones sociales e incluso de movimientos sociales que ven al programa como una especie de referente que mantiene viva la posibilidad de repensar lo social. Si se deja cerrar, es complejo mantener el referente. Si la licenciatura está al servicio de sectores históricamente excluidos, innombrados, controlados o sometidos es necesario que con esos mismos sectores se revitalice, se re-piense, se re-componga; a través del dialogo y la negociación cultural, y no solo sea un ejercicio con la perspectiva de los académicos.
Se necesita una Licenciatura en Etnoeducación y desarrollo comunitario de puertas más abiertas, donde los grupos y colectivos de trabajo dentro y fuera de la universidad la estén retroalimentando, con discusiones tanto teóricas como metodológicas. En este sentido es precisa y necesaria la presencia de etnosaberes, de cultores de esos etnosaberes en las aulas, enriqueciendo las sesiones de clases, las salidas de campo y los ejercicios reflexivos.
Si se critica la exclusión y las negaciones propias de los procesos que trajo sobre América latina y el denominado tercer mundo, la colonización, la modernidad y la globalización; ¿Porqué no descolonizar el pensamiento, permitiendo que nuevos autores (y no necesariamente europeos), así como otras experiencias pedagógicas y metodológicas más de arraigo local y regional hagan presencia en los discursos y en los ejercicios académicos?
Finalmente, encuentro un protuberante contrasentido en la crítica que al interior de la Licenciatura se hace al referirse a los otros programas de Etnoeducación que existen en el país, en el sentido de referirse a ellos como sesgados y funcionales al sistema "porque están diseñados para formar docentes y recurso humano para las minorías étnicas"; cuando con frecuencia se visitan y se efectúan salidas de campo a las universidades y a los programas que ferozmente se cuestionan y critican!!!
(Leonardo Díaz Yepes, Profesor catedrático)
"Como profesional de la Licenciatura en Etnoeducación y Desarrollo Comunitario de la Universidad Tecnológica de Pereira considero que este es un programa de relevancia importante en el campo de las Ciencias Sociales para la ciudad y en general para la región. La ciudad de Pereira cuenta con pocos programas en el área de las Ciencias Sociales, lo cual justifica, por un lado, la existencia del programa, y por otro lado, la necesidad de trabajar en el fortalecimiento de algunos aspectos del mismo, tales como: líneas de investigación, calidad docente, claridad del currículo, así como la pertinencia de muchas de las prácticas pedagógicas que se desarrollan al interior de las aulas de clase.
Si bien es cierto que una gran mayoría de los egresados del programa en cuestión acceden fácilmente al campo laboral, también es cierto que existen algunos vacíos en el nivel de formación de sus profesionales, y quiero que se consideren algunos detalles básicos de cualquier profesional en formación; en este sentido habilidades como capacidad lectora, redacción y síntesis, la intuición en plantearse problemas y preguntas de investigación, formulación de proyectos y gestión de recursos para los mismos, no son propiamente las mayores destrezas. Puede que de manera reiterada se destaque la capacidad crítica de los estudiantes del programa, pero esto incluso deja abierta la pregunta ¿qué tan sólidos son sus argumentos? ¿el peso de los argumentos cuenta con suficiente información o evidencia empírica para así dar cuenta que la lectura de la realidad social se ajusta a cuestiones objetivas o no son solamente elucubraciones o "delirios" de cientistas sociales en formación? Si bien muchos pueden estar en desacuerdo con algunos de los planteamientos hasta ahora señalados, la magnitud de las preguntas sólo intentar aportar al debate de cómo fortalecer la labor de las Ciencias Sociales, sobre todo si partimos del argumento de que son campos claves para apalancar la interpretación y transformación del contexto social que nos rodea.
Como hijo de la casa espero que las "amenazas" de dar por concluido el programa no dejen de ser solamente eso: amenazas. Y que más allá de las diferencias que puedan existir entre docentes, estudiantes y la propia administración de la Universidad, puedan conciliarse estrategias que permitan fortalecer y legitimar la existencia del programa, no solamente ante las instancias gubernamentales que regulan la educación superior en Colombia, sino además ante la sociedad Pereirana, que no olvidemos es quien aporta los recursos para que la universidad pública se mantenga. Y en este último punto la responsabilidad de quienes piensan los programas académicos es aun mayor; no es que sobren los recursos para estar experimentando en que invertirlos. "
(Jhon Harvy Arcia, Profesor catedratico)
¿Cuál es su opinión acerca de la licenciatura en Etnoeducación y Desarrollo Comunitario?
La Licenciatura en Etnoeducación y Desarrollo Comunitario es un proyecto educativo pertinente a nivel regional, local e internacional; en la medida que responde a problemáticas sociales relacionadas con la jerarquización racial, la discriminación social, la vulneración de los derechos humanos y en general las injusticias que quebrantan la riqueza de la diversidad cultural en los seres humanos desde las prácticas educativas.
Este proyecto educativo en América Latina, según Catherine Walsh, tiene como punto de partida tres ejes polémicos: la colonialidad del ser, la colonialidad de la naturaleza, la colonialidad de saber y la colonialidad del poder. Esta problematización se conoce como accionar decolonial que permite lecturas críticas y prácticas pedagógicas en las que se garanticen la actividad ética, política y epistémica en contextos de diversidad cultural desde lo que se tejan propuestas in-surgentes etnoeducativas. De tal manera que la etnoeducación no se entiende únicamente como educación de grupos étnicos, sino como la riqueza y el tejido que se logra a partir de las transacciones y negociaciones de significado de la diversidad cultural humana.
¿Cómo proyecta a futuro un egresado de la referida carrera, cursada en la Universidad Tecnológica de Pereira?
Como una profesión emergente que tiene la responsabilidad social, ética, política y epistémica de velar por prácticas educativas en las que la etnoeducación se enriquezca constantemente gracias a la diversidad cultural. Y si aceptamos el permanente cambio de las culturas, entonces reconocemos que la actividad etnoeducativa está ligada a un proceso constante de investigación que tiene como requisito mínimo aprender a comprender y procesos de formación en los que la curiosidad epistémica conlleva hacia el cultivo de la conciencia del inacabamiento humano.
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